Los
países tropicales exigen ayudas a la ONU para no talar
sus bosques
La deforestación causa el 20% de las emisiones
de efecto invernadero.
Rafael Méndez / 10-12-2007
No hay acuerdo sobre cómo ni con cuánto dinero, pero
la cumbre del Clima de Bali (Indonesia) comienza a asumir que a
partir de 2012 los países ricos deberán compensar
a los tropicales por sus bosques. No se trata de pagarles para
que reforesten sino algo mucho más rompedor: compensarles
(con dinero o derechos de emisión, está por ver)
para que mantengan los pulmones del planeta como están,
para que no talen, ya que el 20% de las emisiones de CO2 proceden
actualmente de la tala de bosques. Indonesia pierde cada año
el 2% de su superficie forestal, lo que le ha convertido en uno
de los grandes contaminadores del planeta y quiere, junto a países
como Brasil, Ecuador, México, Papua o Congo, poner el asunto
en primer plano. Por eso es por lo que Indonesia acoge en Bali
la cumbre del clima.
Las iguanas cruzan perezosas las calles de Nusa Dua, el gigante
complejo hotelero en el que más de 15.000 delegados de 180
países comenzaron el lunes pasado la negociación
para alcanzar un acuerdo que en 2012 sustituya al Protocolo de
Kioto. En ese pacto, los países ricos se comprometieron
a reducir sus emisiones un 5,2% en 2010 respecto a 1990. Hay que
renovarlo para que en enero de 2013 entre en vigor otro mucho más
ambicioso, con una reducción de emisiones de entre el 25%
y el 40%.
De Bali no saldrá un reparto de emisiones ni acuerdos cerrados
sino un mandato, el mapa con el que negociar para que en 2009 haya
un nuevo texto. Y en ese mandato es donde se incluirá probablemente
una mención a los incentivos para evitar la deforestación.
El momento no podía ser mejor para la reunión. Con
el Premio Nobel que hoy reciben Al Gore y el Panel Intergubernamental
de Cambio Climático, y tras dos años en los que la
conciencia mundial sobre el calentamiento global ha crecido exponencialmente,
todos los ojos están puestos en Bali.
Este pequeño enclave del Pacífico, una isla hinduista
en un país de 200 millones de musulmanes, está tomado
por la policía. Para entrar en el complejo hotelero -casi
todas las grandes cadenas, desde Meliá a Hilton tienen su
megahotel- policías armados hasta los dientes revisan hasta
el bajo de los coches. El atentado islamista que en 2002 azotó la
isla ha hecho extremar la seguridad, ya que el miércoles
comienzan a llegar ministros de todas partes del mundo.
Las posiciones de partida no pueden ser más distintas: Europa
quiere conseguir una gran reducción de emisiones, Estados
Unidos, que esto se acabe cuanto antes, y China, India y el resto
de los países emergentes, dinero para seguir creciendo (y
contaminando)... Pero si algo ha unido a los países más
dispares es que el acuerdo que sustituya a Kioto debe incluir una
compensación a los que mantengan sus bosques.
Daniel Murdiyarso es un climatólogo indonesio del Centro
Internacional para la Investigación Forestal (CIFOR). Está especializado
en adaptación de los bosques tropicales al cambio climático. "La
deforestación es la segunda causa de las emisiones de gases
de efecto invernadero. Cada año, la pérdida de bosques
supone la emisión a la atmósfera de 6.000 millones
de toneladas de CO2. Sólo conseguir reducir a la mitad esa
cantidad sería ya un gran éxito y tendría
un gran impacto", explica en Bali a este diario. Para eso
hacen falta entre 5.000 y 10.000 millones de dólares al
año, añade.
Mudiyarso sabe de lo que habla, ya que vive en la vecina isla de
Java. Mientras que el turismo ha salvado a Bali de la deforestación,
Java ha sucumbido a las llamas y a la producción de aceite
de palma para alimentación, cosmética y biocombustibles
que se usan en Europa y Estados Unidos. Indonesia pierde el 2%
de sus bosques al año, lo que, según el Banco Mundial,
lo coloca "entre los grandes emisores industriales de gases
de efecto invernadero, como China y Estados Unidos". Un informe
de Greenpeace presentado en Bali denuncia que el archipiélago
indonesio, con menos del 0,1% de la superficie terrestre, emite
el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Hay acuerdo en que el objetivo de reducir las emisiones entre un
25% y un 40% en todo el mundo para estabilizar las concentraciones
de gases de efecto invernadero será prácticamente
imposible sin atajar la deforestación. Y los países
tropicales, que albergan los pulmones del planeta (los árboles
al crecer absorben CO2 y al quemarse lo liberan) se han lanzado
a aprovecharlo. Brasil, Indonesia, Ecuador, Tanzania, Liberia,
Colombia, Costa Rica, Ecuador, India, los países de la cuenca
del Congo, entre otros, reclaman ser compensados por esos bosques. "En
Bali se discutirá el precio que los ricos tienen que pagar",
ha declarado enérgico Lula da Silva en relación a
la "deforestación evitada", concepto que ganará peso
en los próximos años.
En Kioto no se incluyeron ayudas a quienes mantuvieran sus bosques,
aunque sí había incentivos para reforestar. Y eso
ha hecho que Brasil, que llega con buena nota al conseguir por
tercer año consecutivo frenar la destrucción de la
Amazonia, no tenga más incentivos que Indonesia.
Es más que probable que en Bali no haya un texto cerrado.
La contabilidad de los bosques se presta al trapicheo y tampoco
está claro cómo se pagaría: algunos países
forestales piden dinero directamente; otros, financiación
para los pobres que cuidan los bosques; otros, créditos
de carbono para vender en el mercado internacional; otros, más
permisos para emitir; y algunos, un fondo mil millonario internacional.
Los países ricos tienen claro que en el tratado que sustituya
a Kioto tendrán que estar (aunque sea con compromisos voluntarios
de emisiones o de generación con renovables) países
como China, India, Brasil o Indonesia, que suman más de
2.800 millones de habitantes y son cuatro de los cinco países
más poblados del planeta. Tienen las mayores reservas forestales.
Y buena parte de la solución al cambio climático.
Productos verdes sin aranceles
La Unión Europea y Estados Unidos han propuesto eliminar
los aranceles a 43 productos verdes, entre ellos paneles solares
o molinos de viento, para facilitar la lucha contra el cambio climático.
La propuesta, ya lanzada por la Organización Mundial del
Comercio en diciembre y que fue ayer retomada en Bali, cuenta con
la oposición de Brasil, ya que entre los productos que quedarían
exentos no están los relacionados con los biocombustibles,
en los que el país es líder mundial. Brasil considera
que la propuesta pretende en realidad que los ricos exporten su
tecnología pero que Brasil no pueda inundar Estados Unidos
con motores y plantas de etanol. "Esta lista está incompleta",
declaró ayer a France Presse el ministro brasileño
de Asuntos Exteriores, Celso Amorim. Brasil critica que todo lo
que no se fabrica en el primer mundo no está en la lista.
En principio, la propuesta beneficiaría enormemente a España,
que tiene algunas de las empresas líderes en energías
limpias. Gamesa, Acciona o Isofotón son referencia mundial
en fabricación y gestión de parques eólicos
y de placas solares.
|
|