El turismo a los parajes más amenazados por el cambio climático se pone de moda
Ricard González (Edmundo.es) / 23-12-2007

En la meca del capitalismo, todo se puede convertir en un negocio. Incluso las catástrofes ambientales, como el cambio climático. Ya no se trata sólo de Al Gore, que prepara la segunda parte de su incómoda verdad, sino de compañías de viajes que ofrecen rutas por algunos maravillosos parajes naturales en vísperas de desaparición. Al menos, si se acaban cumpliendo los pronósticos de los científicos.

Según Ken Shapiro, jefe de redacción del TravelAge West, un magazine para los agentes de viaje, no hay ninguna duda de que se ha creado un mercado alrededor del "turismo de la fatalidad", que incluye visitas al Polo Norte o las Maldivas, cuyos paisajes, al menos como los conocemos ahora, podrían desaparecer en los próximos años.

Al parecer, este tipo de turismo está registrando un crecimiento espectacular. Por ejemplo, las reservas para una ruta por el Ártico con la agencia Quark Expeditions se han doblado de cara al próximo año. "[Para mucha gente] no se trata sólo de ir a un lugar exótico, sino a uno que esperan que desaparecerá en el plazo de una generación", explica Shapiro.

Dennis y Stacie Woods, una pareja de Seattle, responden al perfil del turista seducido por esta filosofía de viaje. Este mes se fueron de camping a las islas Galápagos, y el año anterior a un remoto poblado de la selva amazónica. Hace un par de años se decantaron por fotografiar las menguantes nieves del Kilimanjaro, que podrían extinguirse completamente en una docena de años. Su próximo destino está decidido: el Polo Norte.

"Queríamos ver las islas este año porque creemos que su situación sólo puede ir a peor", afirma Woods, que confiesa que la razón para escoger el Amazonas el año anterior fue parecida: "Queríamos verlo en su estado natural antes que se vuelva un rancho ganadero, o bien sea talado o quemado completamente".

A pesar de que estos viajes se presentan a los consumidores bajo la etiqueta de "ecológicos", las organizaciones ecologistas creen exactamente lo contrario, que están contribuyendo a destrozar el hábitat que pretenden preservar. Si algo tienen de verde las agencias que montan este tipo de viajes, sería su amor por el dólar.


¿Marketing o ecologismo?
"El eco-turismo es sólo un término para el uso del profesional del marketing", sostiene John Stetson, portavoz de la Will Steger Foundation, una organización destinada a promover la educación ambiental. Por ejemplo, el dióxido de carbono que emite el avión que transporta a los eco-turistas al Amazonas aumenta el efecto invernadero responsable, en parte, de la destrucción de su ecosistema.

Sin embargo, los defensores del turismo ecológico creen que la situación es a menudo la inversa: los turistas pueden contribuir al mantenimiento de los parajes que visitan. Este es el caso de Untamed Path, una agencia especializada en este tipo de turismo en Latinoamérica.

«Nosotros siempre contratamos guías locales, viajamos con grupos pequeños, y apoyamos con nuestros beneficios proyectos de preservación de la tierra y de educación ambiental en Bolivia y Ecuador», se afirma en su página web. Su filosofía es que, gracias al beneficio del turismo obtenido por los habitantes de los bosques tropicales, éstos tendrán un incentivo en preservarlos en lugar de destruirlos para grandes cultivos agrícolas.

Jonathan Raban, un escritor especializado libros de viajes, cree que "el turismo de la fatalidad" no es algo nuevo: "Hace tiempo que esta industria está entre nosotros". De hecho, es posible que la causa que mueve a esta nueva categoría de turistas no sea muy diferente a la de los viajeros de siglos anteriores: el traspasar la frontera de lo ya experimentado. Simplemente, como ahora es imposible ser el primero en llegar a algún recóndito lugar de la Tierra, se trataría de ser el último.

No obstante, existe alguna otra diferencia entre el malogrado viaje del capitán Scott a la Antártida, y los eco-viajes de la clase media norteamericana: las comodidades, que en algunos casos alcanzan el lujo. En lugar de desabridas conservas, por poco más de 4.000 euros, la agencia Abercrombie & Kent ofrece "exquisitos banquetes acompañados de deliciosos vinos" rumbo a la Antártida a bordo del barco Minerva.