Nueva
oportunidad: el IPCC en Valencia
Raquel Montón, responsable de la campaña de
Cambio Climático de Greenpeace.
Desde hace
20 años los científicos han proporcionado información cada
vez más detallada sobre las causas y consecuencias del cambio climático.
Pero a menudo sus sobrecogedoras informaciones no consiguen transmitir la conmoción
que de ella se deduce.
El mes de noviembre en Valencia hubo una nueva oportunidad. El Panel Intergubernamental
de Cambio Climático de la ONU (IPCC) se reúnió para presentar
su Cuarto Informe de Evaluación. Representa el mayor grupo de científicos
independientes que trabaja para asesorar a los políticos e informar a
los ciudadanos sobre la evolución del cambio climático.
Desde que elaboraron el primer informe en 1990 ha aumentado la escala de riesgo.
El estudio de impactos que se incluyó en el Tercer Informe de Evaluación
demostró que es muy probable que cientos de millones de personas estén
amenazadas por un grave riesgo en el futuro. La escasez de agua, la malaria,
el hambre y las inundaciones costeras serán algunas de las consecuencias
más visibles del calentamiento global.
Los acuerdos alcanzados en Valencia configuran el documento que los gobiernos
del mundo utilizarán para asesorarse de todos los aspectos relacionados
con el cambio climático. Además debe ser el guión de las
negociaciones que tendrán lugar en Bali (Indonesia) el próximo
diciembre; donde todos los países miembros de Naciones Unidas se reunirán
para discutir el futuro del Protocolo de Kioto después de 2012.
Es imprescindible un “Mandato de Bali” que consolide Kioto, ya que
es la solución real para afrontar con determinación la urgencia
del cambio climático. Este Mandato debe articularse sobre criterios claves
tales como reducciones drásticas de las emisiones de CO2 de los países
industrializados; incluir a los países recientemente industrializados
con altos ingresos en los objetivos de Kioto y crear incentivos para las economías
emergentes para su incorporación en el sistema de comercio de emisiones;
un fondo para llevar a cabo una revolución energética basada en
las energías renovables y la eficiencia energética; la reducción
de emisiones de CO2 debidas a la deforestación, y la indemnización
de los impactos del cambio climático que ya no pueden ser evitados, especialmente
en los países en vías de desarrollo.
Es el mayor reto al que se enfrenta la humanidad, y es por fin el centro de debate
a escala mundial. Los gobiernos del mundo, incluido el de España, tienen
una responsabilidad universal, no queda tiempo ni excusas para que trabajen en
pos de conseguirlo.
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